domingo, 14 de junio de 2009

8ª Parte

-¡Oye! ¡No sabía que eres de las que pega la desconocida en la calle!
El estómago se me contrae. Esa voz tan…“masculina” únicamente es de él…eso.
«No seas mala persona»
No es ser mala persona, es cosa de hablar o estar cerca de él para entender. Desde el día que le vi una paloma muerta en la mano (diciendome algo como: "la encontré muerta en mi casa...y justo recordé que ayer dijiste que buscabas plumas y bueno...decidí traértela a ver si aun las querías"), no he podido mirarlo de la misma forma que antes. O sea, como un tipo sano mentalmente.

«…»
Ajá, es la selección natural…o el instinto de supervivencia, querida conciencia.

Giro sobre mis talones, tiesa como tabla y sonriendo con unos ganchos imaginarios que estiran mis mejillas hacia arriba.
¡Ugh! Ahí lo veo, riendo con júbilo y moviendo de un lado a otro sus bracitos enclenques. Dios, si sigue batiéndose así se desarmara.

-Ho…hola- saludo moviendo mi mano en el aire y retrocedo, apartándome todo lo que puedo de su alcance tentaculoide.
Él me mira. Tuvo que haber malinterpretado ese saludo con un “apura” porque amplió su sonrisa, si, todavía mas.
¿Qué estoy esperando?
Dando media vuelta agacho la cabeza y la ladeo un poco, para ocultar el rubor en una barrera de cabello largo y negro con mechas amarillas (en un principio fueron azules, mi color favorito), y camino a enormes zancadas.
No es necesario agudizar mis sentidos, estoy en plena conciencia de que sigo en su campo visual.
¿Será muy obvio si corro…agitando los brazos en el aire y gritando “¡me quieren violar!”?
No, no puedo hacer esto. Sería muy de mala persona.
No quiero irme al infierno… por otra parte, tampoco con el/ eso.
Ahora que lo pienso, siempre tengo frío.


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